El porqué del mal

He tomado “prestado” el título del libro de Philip Zimbardo para compartir esta reflexión.

Zimbardo, quien fue, entre otras muchas cosas, un reconocido psicólogo social y del que probablemente habrás oído hablar de su famoso “experimento en la universidad de Stanford” para la compresión y estudio del mal en el comportamiento humano.
Un experimento que tuvo que suspender y del que pidió perdón. No digo mucho más por si decides leer el libro, lo cual sería una gran idea.
Lo cierto es que su experimento permitió teorizar sobre la conducta humana y el mal.

Creo que es un momento muy adecuado para hablar de esto, porque estamos viviendo en una situación desconocida que nos somete a mucha presión.
Si, dije “somete” porqué los gobiernos de todos los países han activado los mecanismos para obligar masivamente a la población recortar libertades y derechos a los que nunca habíamos renunciado, y eso es nuevo para quien se ha movido en una sociedad democrática gran parte de su vida.

Es evidente que este sometimiento persigue el interés general, la salvaguarda y protección de la vida de la población antes una amenaza real y catastrófica. De otra manera no se hubiera producido.

En todo este proceso de confinamiento, hemos visto en primera persona, como el mal se adueñaba de la voluntad de muchas personas desde peleas y aglomeraciones en supermercados para comprar alimentos o papel de water, estafas en las que se recaudaba falsamente dinero para la compra de mascarillas y material de protección sanitaria, desobediencia al confinamiento, y los menas robando motos y coches , vendiendo droga y saqueando cajeros en una ciudad como Barcelona.

El mal, está ahí y seguirá estando ahí.
Debemos entender primero que lo que llamamos “el mal” es un concepto subjetivo y cultural.
Lo que hoy está mal, hace 100 años estaba bien, lo que hoy aquí está mal a 5000 km está bien.

Nuestros padres son los primeros en indicarnos que está bien y que está mal, si bien en los primeros días de vida, ese aprendizaje es para nuestra seguridad, “no te metas esto en la boca”, “no bajes por la escalera con la cabeza”, “no metas los dedos en el enchufe”…

Más adelante, el concepto del bien y el mal cambia hacia otros estratos, por medio de las religiones, la socialización y las diferentes culturas y costumbres.

Sin embargo, a nivel mundial, después de masacrarnos constantemente , en el siglo XXI, hemos convenido que hay cuestiones singulares que están mal, más o menos, en cualquier parte.

La más importante, es que la vida humana (que no la vida en general) es el valor más elevado en la protección política y jurídica de las sociedades. ( en la teoría, claro está), aquí podría hablar extensamente, pero en vez de esto te recomiendo otro libro muy importante también para el momento que estamos viviendo, se titula “La doctrina del shock” de Naomi Klein.

Dicho esto, permíteme que vuelva a los argumentos de Zimbardo.
Estamos de acuerdo entonces que hay conductas que están bien y que están mal, más o menos en todas partes del mundo.
Estamos de acuerdo que hay personas que actúan mal, también en todas partes del mundo, pues Zimbardo defiende la existencia de lo que llama “el mal situacional”, es el que argumenta el porqué una persona mentalmente sana, con una trayectoria y conducta correcta, incluso ejemplar, con valores y emociones buenos, es decir una persona buena decide actuar de una manera maligna. ( se descartan psicopatías)

El mal situacional, ocurre cuando el entorno, la conducta de otros, los acontecimientos ajenos y toda una serie de variables exógenas nos llevan a aceptar y normalizar el mal como un nuevo bien.

Es decir, que lo que ocurre a nuestro alrededor va a impactar directamente en nuestras actitudes aceptadas , aunque en otro momento nos hubiéramos opuesto contundentemente a esas mismas decisiones… ¿hacer eso yo??? ¡Nunca!

Pues nunca digas nunca. Porqué, en estos días, hay que hacer un especial esfuerzo para que el mal situacional no nos arrastre.

– ¡Todo el mundo está comprando cosas que no necesita en el supermercado! Ah, pues, corre agarra el carro y rompe la hucha que vamos a por lo nuestro.
– ¡El vecino del quinto saca al perro ocho veces al día! Oh! Pues yo también salgo, quien se ha pensado… igual se cree más que yo.
– ¡Hay gente que no lleva mascarilla aquí o allí! Pues, con lo incómoda que es y lo ridículo que me siento, yo también paso.
– Todo el mundo va a la playa!
– Me he enterado de una fiesta clandestina, brutal!

Y así un laaaargo etcétera de actitudes que están mal y que, en los días venideros, vamos a hacer mal, porque la situación nos arrastra a hacerlo mal.

Yo creo, que vale la pena, tomar cierta distancia de la situación inmediata, y evaluar la situación general, contra más distancia , mejor. Vale la pena sopesar la información sobre riesgos reales que aún siguen vigentes ( ¿hay vacuna? ¿Hay un tratamiento efectivo?¿Me importa un pimiento que aquellos no lleven mascarilla? ¿Necesito hacer las vacaciones como siempre? ¿Tengo ingresos suficientes? ¿En que condiciones van a hacerme trabajar, ahora que hay mucho paro?

En definitiva. Seguir al rebaño, hoy por hoy, requiere de un plus de atención.
Atención a tus fuentes de información, amplia y contrasta.
Atención a los profesionales de lo ajeno, llevan muchos días necesitados de clientes, y están esperando que te relajes la terraza del Bar.

Y por último, atención a tu instinto, a ti mismo/a, si sientes que estás haciendo algo, porque la “situación” te invita, te arrastra, te supera, te arrastra… Stop! Respira, busca entre tus opciones y elige la que te aleja del “mal” y si no puedes, pide ayuda.

Ah! Y lee a Zimbardo que te cuenta muchísimo más.

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