En el rincón más oculto de la mente,
donde las sombras danzan con certezas,
allí donde se forjan las promesas,
se teje lo que el corazón siente.
Creer, acto sublime, más que un sentimiento,
es el alfarero de la arcilla que trazas,
moldeando realidades, como el viento las brasas,
espejo del alma, reflejo del firmamento.
Sin embargo, ¿cuánto de lo que crees es algo cierto?
Ecos de voces ajenas, susurros del pasado,
dogmas heredados, sin cuestionar, sin freno.
Y en ese salto de fe suicida, tan quimérico,
donde creer se torna espada, sedienta de sangre
de agnósticos de nuestro crear aprendido,
descubrimos que lo que creemos, es más malo que bueno.
Y es virtud del tiempo decir que cuanto más se, menos creo.
Mas, al mirar de donde viene mi saber,
descubro mil voces, gritándome ya desde pequeño,
de cuando era un lienzo en blanco,
Y mil artistas, más malos que buenos, marcaron pinceladas
, trazos y diseños sabiéndose que con ello serían mis dueños.
No, parar, ya basta, quiero aprender mirando, oliendo, tocando, escuchando
a todo menos a vosotros, arquitectos.
Quiero querer sin guión, más que el de mi propio tiempo,
Desde mi corazón a lo más sutil en la punta de mis dedos.
Hay quien quiere sin querer intentando su creyendo,
Pués creen que el querer se gasta como el dinero.
El ejemplo viviente de un barco en deriva de mil puertos
y ninguno el destino en el que proveer un viaje verdadero.
Cada creencia es una puerta, un paso, una lanza,
Cuidate entonces, muy mucho de que, quien y porqué
aprendes lo que crees y si hace falta, volver a crear
desde el lindo blanco más sincero.
Sobre este poema
Este poema explora cómo creas lo que crees: la profunda conexión entre nuestras creencias y la realidad que construimos. Desde la infancia, las voces externas moldean nuestro pensamiento, pero también tenemos el poder de reconstruir nuestras creencias desde una perspectiva auténtica.
La psicología de las creencias ha demostrado que nuestros pensamientos no solo reflejan la realidad, sino que la crean. Como explica la Wikipedia sobre la creencia, estas son proposiciones que consideramos verdaderas y que influyen directamente en nuestro comportamiento y percepción del mundo.
En el proceso de cognición, cada pensamiento es una semilla que plantamos en el jardín de nuestra mente. El poder de la creencia reside precisamente en su capacidad transformadora: creas lo que crees porque tus convicciones internas moldean tus acciones, decisiones y, en última instancia, tu destino.
— Contra más se, menos creo.
El desafío de cambiar las creencias limitantes
Cuando entendemos que creas lo que crees, surge naturalmente la pregunta: ¿cómo podemos transformar aquellas creencias que nos limitan? La neurociencia ha demostrado que nuestro cerebro es plástico y capaz de crear nuevas conexiones neuronales a lo largo de toda la vida. Este proceso, conocido como neuroplasticidad, nos permite reprogramar patrones de pensamiento arraigados desde la infancia.
La filosofía existencialista, particularmente en las obras de Jean-Paul Sartre, nos recuerda que somos libres de elegir nuestras creencias y, por ende, nuestro destino. Sin embargo, esta libertad conlleva una enorme responsabilidad: la de examinar críticamente cada convicción que adoptamos.
Para explorar más sobre cómo nuestros pensamientos moldean nuestra existencia, te invito a leer otros ensayos sobre filosofía personal y transformación consciente en este blog. El camino hacia la autonomía mental comienza reconociendo que, efectivamente, creas lo que crees – y ese reconocimiento es el primer paso hacia la verdadera libertad.







