El nuevo nómada está de moda

De las películas con más nominaciones y con más premios de los Oscar de este año 2021 , hay dos que por una cuestión de contexto, llaman la atención. Se trata de las dos tituladas “Nomadland” y “Sounds of metal.”

Ambas me han parecido magnificas y muestran una realidad cada vez más normalizada en Estados Unidos: Los nuevos nómadas. ( ahora ya, se, cuentan por millones).

En ambas películas, los protagonistas viven en sus furgonetas y van de un sitio para otro sin asentarse definitivamente en ningún lugar, haciendo de sus caravanas y furgonetas su hogar.

¿Qué está pasando o, qué ha estado pasando?

“Nomadland” y “Sounds of metal.” tienen un nexo argumental común.

Primero, los nómadas no son marcianos.
En mi país, cada verano llegan miles de personas arrastrando sus caravanas, coches y furgonetas, cargados de cosas y personas, unos para acampar lo más cerca de la playa y otros para establecerse en campings de montaña y otros vienen de Francia e Italia y van a cruzar, el estrecho de Gibraltar.

Segundo, el gustillo a vivir al estilo nómada, no nos, es desconocido y nos gusta. En mi caso y durante mi infancia, así era, cada verano, durante tres meses, que no es poco, cambiábamos nuestro hogar urbanita para pasar a vivir ese tiempo de una forma muy diferente en una caravana dentro de un camping y el argumento era, “Descanso vacacional”.

Tercero, obviamente, las comodidades que ofrece una casa o un apartamento, desaparecen en las diferentes opciones de “Home Road” por muy grandes y caras que sean las furgonetas, y aún así, no nos importa prescindir de esas comodidades a cambio de disfrutar de una noche frente una hoguera en lo más profundo de un desierto, o en la playa más alejada y perdida, de los amaneceres, de la conexión natural olvidada y atrofiada.

Nómadas, los ha habido siempre y los sigue habiendo como pueblos y culturas. Grupos de familias enteras viajan de asentamiento en asentamiento en todos los continentes del mundo.

En esta parte de europa, los llamaban “los gitanos”, tanto autóctonos, como los más conocidos de Rumania.
Eso sí, ya no viajan con carretas de madera tirados por viejas mulas o caballos, ahora son lujosas caravanas arrastradas por Mercedes que muchos no se podrán permitir nunca. Pero esa es una cuestión que no pretendo abordar en esta ocasión.

Hay algo, que está cambiando, el fenómeno nómada se esta moviendo desde hace tiempo y ahora ya se visualiza.

Recordarás la, ya podemos decir, “clásica” película “To the Wild”, aquí traducida como “Hacia rutas Salvajes”, basada en hechos reales y que causó y sigue causando, inspiración y un efecto de mimetismo muy importante en generaciones nuevas y no tan nuevas.

La reflexión que estoy buscando, es sobre si vivir en las casas de las ciudades o en los apartamentos de bloques de cemento de las ciudades abarrotadas y saturadas, ya no es la única opción de vida fuera de la pobreza.

Por poner un ejemplo, la ciudad de Barcelona, la urbe se ha reconvertido en un macro organismo repleto de regulaciones, normas, tecnología fiscalizadora, normativa claramente orientada a la recaudación. No existe ni un centímetro donde puedas estacionar tu coche sin tener que pagar por ello, zona verde, zona azul, caminar por la acera requiera plena atención, metros y autobuses caros y abarrotados, los coches que pueden cruzar la ciudad deben estar autorizados por una pegatina medioambiental, ¿Quienes son tus vecinos?, si, salgo de casa y no cierro, igual al volver se han instalado okupas para quedarse. Y así un largo etcétera.

Y es normal, en esta área metropolitana conviven apretados 3 millones de personas, (y que lo esté afirmando yo puede resultar una ridiculez pues lo que a mí me parece colapso, en ciudades como Bombay o Tokio, es la locura total, pero que afrontan de una manera completamente antagonista el mismo problema, la superpoblación.)

Y tanto allí como aquí, se las ingeniado para que esos millones de personas tengamos la sensación de tener una “vida normal”. Aunque, como vemos, puede no convencer a todos.

Personalmente me parece una opción disruptiva con mucho atractivo, aunque no con pocos problemas, pero… ¿Quién sabe hacia qué lado se inclinaría la balanza si ponemos en un lado la vida nómada con “lo justo y necesario” y de donde ya venimos, y en el otro lado la cómoda, fría y distópica vida urbanita?

Desde una perspectiva humanista, es decir, donde los beneficios a sopesar recaen en el bienestar físico, mental y emocional de las personas; cabe considerar que lo que ha sido la única opción de “supervivencia” de muchos, se haya descubierto una alternativa ante el aparente e inevitable colapso Urbano.

Será interesante no perderlo de vista.

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