Dime la verdad: ¿Has mentido alguna vez?
Es ese tipo de preguntas de las que ya se sabe la respuesta. Sin embargo, la respuesta que conocemos no es del todo honesta.
Cuando nos relacionamos, cuanto más próxima y sostenida es esa relación, más probable es que la respuesta a la pregunta inicial sea siempre “sí”. Y estarás pensando: “Bueno, pero hay mentiras y mentiras”. Medias mentiras, mentiras piadosas, mentiras “por tu bien”… y es absolutamente cierto. No existe el blanco y el negro; hay una gama de grises que estamos dispuestos a aceptar, incluso a comprender.
Una persona puede forjar una relación de confianza durante décadas y, en apenas unos segundos, todo se puede derrumbar. Una sola sospecha lo puede cambiar todo.
Por otro lado, tenemos los sistemas de creencias: desde la fe y la filosofía hasta la ciencia misma. Como seres curiosos que somos, buscamos respuestas. Las primeras sociedades crearon a los primeros dioses cuando del cielo caía un rayo y retumbaba un trueno. ¿Qué es eso? Necesitábamos crear una “verdad” que lo explicara y nos permitiera desbloquearnos.
En este punto, y aterrizando en el día de hoy, comprendemos la importancia de la información: la que buscamos y la que nos llega. Lo nuevo no es la información, sino que ahora nuestra exposición a ella es exponencial. La conexión constante nos ofrece tantas gamas de grises… verdades empíricas, mentiras igualmente empíricas y, en general, la necesidad de controlar o manipular nuestras conductas. Para que compremos más, para alinearnos a un pensamiento político, para identificar al “verdadero enemigo”. A pesar de ello, cada día nos movemos con la certeza de que nuestro pensamiento crítico es confiable.
La desinformación lo oscurece todo (una sola sospecha puede romper una confianza férrea de décadas). Los esfuerzos para luchar contra ella son enormes: proyectos europeos, agencias gubernamentales, asociaciones civiles…
Pero… ¿Cuál es la verdad verdadera? > Sencillamente la que cada persona decida incorporar a su propia experiencia. Y en ese empeño debemos establecer convenciones para mantener nuestras sociedades razonablemente cohesionadas.
Aquí es donde empecé a barruntar cómo lograr un “Oráculo” de la verdad verdadera. Y fracasé. No hay una única verdad universal. Hay verdades que grupos de personas aceptan como inquebrantables, pero muchas son antagonistas entre sí.
Mi esfuerzo se ha transformado en este proyecto al que he dado acceso público: VFND (Veritas Fake News Detector). Una herramienta para ayudar a discernir sobre la verdad de cada uno.
No es un oráculo. Es un vector de decisión, un método que ejecuta las acciones necesarias para discernir la veracidad. Acciones que requieren un tiempo y esfuerzo que no siempre tenemos. Eso es lo que ofrezco.
La verdad la acepta o la rechaza cada uno. Pero contar con elementos que realicen el proceso técnico no solo es cómodo: es que ofrecen valoraciones no sesgadas. Y el sesgo, nos guste o no, es inherente al ser humano.
Puedes encontrar la herramienta aquí: www.veritasfakenewsdetector.com
Para que, cuando estés expuesto a contenidos, puedas dar esos primeros pasos del método individual para discernir. No es un vector perfecto; ninguno lo es. Pero trabajo en él día tras día, investigando y actualizando formas emergentes de análisis.
Y si estás pensando que todo este “rollo” no deja de ser una media verdad o una manipulación, por favor: no uses esta herramienta. No desbloqueará tus inseguridades y, aunque lo que te aporte es neutro y riguroso, no dejarás de dudar.
Mi Detector de Fake News, para ti.





