Muchas personas sostienen la premisa “Si no lo has de hacer bien, no lo hagas “.

Son esas personas que dan más importancia a la forma que al contenido, que te corrigen mientras estás hablando, que dicen frases como “me duelen los ojos” ante una incorrección.

Y si, es cierto, la forma es importante.

Escribir correctamente, hablar con fluidez y recursos, cantar afinando, fotografiar encuadrando, hacen que tu creación sea mejor.

Sin embargo, cuidado. Jamás hay que interponer la corrección de la forma al valor del fondo.

Las formas, las reglas, las normas, se pueden aprender, sin embargo el talento es innato.

En muchas ocasiones he descubierto textos, con innumerables errores, pero textos que una vez interpretados contienen ideas hermosas, innovadoras, verdades, sentimientos.

Siempre he odiado el “boli rojo”, siempre he sentido una atrocidad que hubiera alguien al que se le permitiera el lujo de “profanar” un esfuerzo, un trabajo, una expresión, con su boli rojo.

“Esto está mal”, “Tú calificación ha bajado por los errores”.

Ok, pero… ¿Tiene algo que decir sobre el fondo? El sentido de la existencia del texto, que a la vez dan sentido a la existencia de las normas es y siempre será el mensaje, y por ello , lo incorrecto es imponer lo correcto.

Dicho esto, es igualmente importante trasladar la idea de que hacerlo correctamente ha de ser un objetivo personal, puesto que una coma mal situada puede cambiar completamente el sentido de una frase.

Por eso, leer tiene una importancia vital, pues los patrones que almacenamos en la memoria, chirrían al encontrar una disonancia, puedes no conocer la regla ortográfica y notar un error en un texto, tan solo por haber leído lo suficiente.

Entonces, hay que entrenar, escribir, aunque sea mal, corregir y continuar.

Una de las peores costumbres de las culturas en general, es la humillación ante el error.

El gran limitador de la creatividad es esa maldita costumbre, heredada de la enseñanza impositiva y retrógrada del “la letra con sangre entra”.

Las risas de los demás ante una incorrección, es como esa carrera con los codos para ocupar un mejor estatus. Y lo siento, pero NO!

Corregir es enseñar, y se hace con cariño y cuidado. Está demostrado que el éxito de un profesor/a al enseñar a sus alumnos está directamente relacionado al afecto que estos sienten hacia el/ella.

Ese sinsentido de provocar vergüenza ante el error, silencia maravillosas creaciones en mentes que , probablemente no han tenido o la oportunidad o la capacidad de aprender correctamente la “norma”.

Es esa maldita costumbre, el que hace que todo el mundo sienta miedo escénico cuando han de aparecer ante los demás, es el que hace que las personas con algún problema, físico o psíquico sean apartadas al grupo de los fracasados, porque nunca podrán alcanzar la perfección.

Es la misma idea que conculcaba el humanismo genético del nazismo, donde el ser humano debía ser perfecto… cuando en realidad, la perfección no existe, la mismísima teoría de la evolución de las especies de Darwin, aún vigente, explica que las especies evolucionan porque se producen “errores” azarosos en la transmisión genética que se transforman un nuevas propuestas corporales, si ese “error azaroso” como podría ser un oso con el pelo blanco, facilita su supervivencia, ese error pasa a convertirse en superviviente y por tanto a nueva perfección.

Desde problemas de dicción, padecer sordera o una mala visión, hoy en día hacen que pequeños niños y niñas en la escuela sufran , jóvenes creativos guarden en su mundo silencioso increíbles creaciones, adultos mudos y ciegos con la creatividad extinguida tan solo por el hecho de que “la norma”, es más importante que el fondo, que el error debe ser perseguido y humillado.

Hoy pido perdón a quien ofendan mis errores ortográficos, morfosintacticos, o si construyo las frases de una manera incorrecta porque no uso los pronombres o los adverbios de la mejor manera, pero también les digo lo mismo que le diría a un francés , que me ignora por no hablar su idioma correctamente, “Perdone, no hablo francés, solo intento comunicarme “.

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